-¿Aldast?- El hombre menudo levantó su cabeza de la jarra de cerveza y miró a Lyana con ojos cansados.- Necesito cierta información, y el posadero me ha dicho que tú podrías dármela.
-¿Información? ¿Sobre qué? No tengo ánimos para casi nada, no creo que pueda ayudarte- Apesadumbrado, volvió a hundir su mirada en la pinta que sostenía con ambas manos.
- Es sobre Lord Hurwood.- La expresión del parroquiano cambió súbitamente, pasando de mostrar desasosiego y tristeza a inflamar su mirada de furia y odio.- Tengo que devolverle un “favor”.
Lyana se sentó en la mesa de su interlocutor y le narró la historia que le había llevado hasta Malkam. Aldast cambió de actitud, ahora estaba interesado en lo que le contaba la asesina, y cada cierto tiempo le preguntaba algún detalle de su vida en Puerto Gris. Cuando la joven acabó se había hecho muy tarde, en la posada ya solo quedaban dos o tres borrachos dormidos sobre las sucias mesas de madera. Aldast se dirigió a Lyana con complicidad:
- Ahora que conozco tu historia, puedo darte la información que necesitas, Lyana. Como te dije antes, Hurwood me ha destrozado la vida. Hasta hace un mes trabajaba para él como contable, pero se metió en unos asuntos algo turbios y decidí no seguir adelante. Como dispongo de información que no le interesa que salga de su círculo, ha cogido a mi mujer y mi hija y se las ha llevado no sé adónde, con la amenaza de no dejarlas marchar si no termino el trabajo para él.- La mirada de Aldast se volvió a cargar de pesadumbre.- Ahora se ha hecho tarde, sube a tu habitación y descansa, que no lo has hecho desde que saliste de Puerto Gris. Esta tarde podemos vernos en mi casa, en la Plaza Mayor de la Ciudad. Estaremos más tranquilos y no nos escucharán oídos indeseables. Te espero impaciente.
- Allí estaré.- Le contestó la joven con agradecimiento.
Después de cenar, Lyana se acercó a casa de Aldast. El contable la esperaba sentado en un gran sillón y delante de él tenía una mesa repleta de lo que parecían ser planos y mapas. Su casa era grande, de aspecto señorial, pero en ese momento se encontraba tan triste y melancólica como su dueño.
- Te estaba esperando, pasa y acomódate, muchacha.- A Aldast se le notaba impaciente.- Verás, actualmente Lord Hurwood no se encuentra en la ciudad, asuntos de la corte. Tranquila, no pongas esa cara, cuando vuelva, vendrá acompañado del rey, y en el castillo están buscando trabajadores para preparar tamaño evento. Además, mientras está ausente, ha dejado a uno de sus vasallos al mando de todo, un tal…Lobsang.
- ¿Y qué tal os trata ese Lobsang?-Preguntó Lyana con la voz cargada de la resignación.
- Puf, no sé quién de los dos es peor. Tiene al pueblo un tanto oprimido, le encanta salir de juerga con su guardia personal, y ahora que no tiene a nadie por encima se cree poseedor de la verdad absoluta, así que ya te puedes imaginar cómo acaban los que le contradicen cuando se emborracha o tiene un mal día. En fin…la muerte repentina de Lobsang aceleraría la vuelta de Hurwood , ¿sabes adónde quiero llegar, no?- Terminó Aldast, esperando la respuesta de Lyana.
- Sí. Sería interesantísimo acabar con la vida de Lobsang para meterle el miedo en el cuerpo a Hurwood antes de que ruede su cabeza. Además, como están buscando trabajadores, ya que nadie va a saber quien es el asesino, puedo aceptar un puesto y enterarme de los movimientos de vuestro gobernador desde dentro.- Lyana desvió su mirada hacia el montón de papeles de la mesa.- Mientras me hablabas, he observado los planos que tenías preparados. Son del castillo, ¿no?
- En efecto, esos planos que tienes delante son del castillo. Hay un pasadizo que va desde el desagüe del foso hasta las mismas dependecias de Lord Hurwood, preparado por si hubiera alguna emergencia, y, adivina qué.- Dijo Aldast dándose unos leves toques en el pecho.- Me quedé con un juego de llaves antes de que me despidieran. La puerta del pasadizo está oculta, pero con mis indicaciones no te será difícil dar con ella.- En ese momento, la mirada de Aldast se tornó suplicante.- Pero, Lyana, me gustaría que una vez acabe todo esto, salves a mi mujer y mi hija, por favor.
- No te preocupes Aldast. Te prometo que haré lo que pueda por tu familia.- Un destello de furia cruzó la mirada de Lyana.- Que se vaya preparando Hurwood, no creo que le gustase saber lo que tengo pensado para él.
P.D. Perdón por la tardanza, pero la semana pasada tenía examen y me pillaba un poco mal xD. Esta parte me ha salido un poco más larga. En fin, hasta la próxima